BARRIO EL LIMÓN Y RANCHO GRANDE

Artículo #30 de la serie:
GUSTAVO MIRABAL EN VENEZUELA

 

ENTRE CHISPITAS Y PASTORES EN EL BARRIO EL LIMÓN

 

Barrio El Limón

La Abuela Isabel Teresa, Gustavo y María Gabriela se levantaron muy temprano para salir rumbo a El Limón, pueblo encantador por su sencillez, por su clima fresco y por la calidez de su gente. A través de Juan Carlos, un joven de la Casa de la Cultura, conocieron a Otilio Galíndez, músico y cantautor, que pese a haber nacido en otra región del país, es aragüeño de corazón por el tiempo que tiene residenciado en el Estado y porque se ha dado a querer por su carisma y por su arte musical.

 

 

Cuando llegaron a la casa de Otilio, él los recibió con una gran sonrisa y con mucho cariño. Entablaron una conversación amena. Gustavo tomó notas de algunas de los comentarios que hacía Otilio sobre su experiencia como creador de canciones, las que dedica la mayoría de las veces al amor, a los pueblitos de Venezuela y a la naturaleza y a nuestras tradiciones.

-Otilio, ¿nos puedes cantar una canción? -preguntó María Gabriela.

-¡Claro María Gabriela! Con mucho gusto. ¿Cuál quieres?

-Bueno, tú tienes tantas canciones bonitas. Canta la que tú quieras.

-Está bien. Entonces  voy a cantar una especialmente para ti:

 

CHISPITAS

Estrellitas fugaces parecen

Tus ojos que a veces

Me miran mezquinos

Cual palomas que inquietas volaran

 chispitas. cocuyos

Así miras tú

Son chispitas a veces tus ojos

Son cocuyos de tímido fulgor

Y disipan un poco la sombra

Que nubla mi corazón

 

 

María Gabriela de tanta emoción se puso rojita como un tomate. La Abuela Isabel Teresa le pidió otras canciones y así pasaron un buen rato, disfrutando de las canciones y de la hospitalidad del cantautor. Estaban muy a gusto, pero debían continuar su recorrido. Le dieron las gracias a Otilio y él los despidió con un abrazo y les dijo que los esperaba pronto.

 

 

Los pastores de El Niño Jesús

Siguieron caminando por el pueblo y encontraron reunidos en la plaza, frente a la iglesia, a un grupo de personas, entre los cuales había algunos niños y niñas, con disfraces, que danzaban y hacían una representación teatral.

Eran los integrantes de los Pastores de El Niño Jesús de EL Limón, quienes se congregaban para organizar sus ensayos para cumplir sus promesas en la primera semana del mes de diciembre. Los pastores se reúnen con meses de anticipación para prepararse. Juan Carlos, quien les sirvió de guía en esta ocasión, les explicó sobre el origen de esta manifestación de tradición oral y también les habló sobre otras expresiones populares propias de esta población, como la fiesta de San Juan Bautista que se celebra en la costa y prácticamente en todo el estado Aragua, las fiestas en honor a la Virgen de la Candelaria, el día 2 de febrero. Les habló también de personajes y artesanos populares y les contó la leyenda de la Cruz de El Limón y otras leyendas como la del “hombre sin cabeza” que aparece en el río El Limón.

 

 

La Merienda

Después de esta conversación, la Abuela Isabel Teresa se integró al grupo que preparaba la merienda para los pastores y los visitantes, donde estaba el señor Rafael Belisario, especialista en preparar jalea de mango, y otras personas de la comunidad. María Gabriela y Gustavo se unieron a los niños pastores para jugar en la plaza. Gozaron un puyero jugando “la ere” y “palito mantequillero”.

Finalmente, se reunieron todos para disfrutar de una rica merienda, con conservas de coco, buñuelos de yuca, dulce de coco y piña, dulce de lechosa, guarapo de pelón con limón y otras exquisiteces.

En la noche, después de la comida y después de haber compartido una conversación muy agradable con la Abuela Isabel Teresa, con Gustavo y con la familia anfitriona, donde se quedaron en El Limón, María Gabriela se retiró a escribir:

“Querido Diario, no te imaginas. ¡Hoy Otilio Galíndez me dedicó una canción! y además conocí a los niños que integran el grupo de Los Pastores del Niño Jesús, en El Limón, y además Gustavo y yo jugamos con ellos. Hoy estoy feliz. No tengo otra cosa que decirte. Estoy muy contenta. Hasta mañana Diario querido”.

 

EL LIMÓN: RESIDENCIA DE UN CANTAUTOR Y DE OTROS MÚLTIPLES ENCANTOS

 

Nos contaron que…

Otilio Galíndez reside en El Limón hace más de treinta años. Nació en Yaritagua, estado Yaracuy, un 13 de diciembre de 1935. Es poeta y músico autodidacta.

 

 

Las canciones de Otilio Galíndez han sido interpretadas por artistas nacionales e internacionales.

 

 

Nos contaron también que el pueblo de El Limón se llama así por el río que lo circunda. Es una población rica en tradiciones y en artistas populares, entre los cuales hay artesanos, músicos, artistas plásticos.

Nos contaron también que la manifestación popular de tradición oral más importante y en la que se incorporan niños, niñas y adultos  es la celebración de Los  Pastores del Niño Jesús que danzan en la segunda semana de Diciembre y que es una representación teatral, acompañada por música y cantos, y los participantes se incorporan para cumplir promesas. En el mes de marzo de 1991 fueron declarados Patrimonio Cultural del Municipio Mario Briceño Iragorry.

 

LA ESTACIÓN BIOLÓGICA DE RANCHO GRANDE

 O EL VUELO DEL COLIBRÍ EN UNA FIESTA DE PAJARITOS 

Nuestros viajeros son afortunados, porque corrieron con la suerte de compartir el paseo hacia la Estación Biológica con los niños integrantes de Los Pastores de El Limón. Después de compartir un delicioso desayuno criollo con carne mechada, queso blanco rayado, caraotas fritas, unas ricas arepas preparadas por la Abuela Isabel Teresa y un jugo de papelón con limón que prepararon Gustavo y María Gabriela, nuestros viajeros se despidieron de sus anfitriones.

-Gracias por todo, señor Custodio. Perdone las molestias, señora Carmen.

-No hay de qué, Abuela Isabel Teresa. Estamos para servirles. Vuelvan cuando quieran.

-Lo pasamos chévere -se expresaron casi al unísono Gustavo y María Gabriela.

De nuevo al autobús

Y como dice el dicho, “Barriguita llena, corazón contento”. Y a montarse corriendo en el autobús, pues el chofer tenía rato esperando. María Gabriela y Gustavo trataban de ayudar a la Abuela Isabel Teresa a montarse en el autobús, pues las escaleras son un poco altas para ella; pero la cosa estaba un poco difícil.

-Abuela, ¿tú como que estás más gordita? No podemos contigo. Ten cuidado, no te vayas a caer.

-Bueno Gustavo, mijo, hazme el favor de respetar, y más bien ayúdame sin protestar.

-Está bien abuelita linda. No te molestes -contestó Gustavo.

 

 

Después de algunos esfuerzos ya estaban todos montados en el autobús, rumbo a Rancho Grande. EL espacio se llenó de luz y de alegría, con aquellos niños y niñas cantando y con la participación de un guía muy entusiasta que les enseñaba canciones y juegos por el camino.

 

Estación Biológica Rancho Grande

 

El Rey del Cuchicucheo

Amo a mi primo, mi primo hermano / Amo a mi primo mi primo vecino / Amo a mi primo, mi primo hermano / Amo a mi primo, mi primo vecino / ¡Alto allí!  / ¿El Rey del Cuchicheo que dice? / Que nos bajemos en la Estación Biológica de Rancho Grande.

 

 

En la Estación Biológica los esperaba el señor Ernesto Salazar, el guardabosque,  un señor amable y buen conversador, quien los acompaña en el recorrido por todas las instalaciones. De pronto, los niños pastores, Gustavo, María Gabriela y la Abuela Isabel Teresa quedaron prácticamente paralizados frente a un espectáculo maravilloso: centenares de aves surcaban el cielo y algunas se posaban en los árboles gigantes y en los arbustos más pequeños y cada uno les regalaba una melodía diferente.

 

Las aves

 

 

-Abuela, mira eso. ¡Qué bello! Son montones de aves -dijo Gustavo.

-De verdad, hijo. Cientos de aves de diferentes colores. Cuánta belleza, y cómo cantan… ¿María Gabriela no te parece maravilloso este encuentro con las aves, de múltiples colores y tan cantarinas?

-Sí abuela. Claro que sí. Esto parece una gran fiesta de pajaritos.

El señor Ernesto y el guía les explicaron que lo que estaban viendo era el paso de las aves migratorias que vienen de distintos países del mundo, protegiéndose del invierno, que vienen en distintos momentos, del norte o del sur del planeta. A todas éstas, hubo otra cosa que llamó la atención de María Gabriela y preguntó:

-Señor Ernesto, ¿para qué son esos potecitos con agua que están colocados en distinto lugares de Rancho Grande?

-Bueno, yo te lo iba a explicar, pero mejor que te lo digan ellos.

-¿Quiénes? -preguntó nuevamente María Gabriela.

 

Los colibrís

Cuando María Gabriela levantó la mirada pudo ver a varios colibríes que revolteaban cerca de los recipientes, los cuales contenían agua de azúcar. Cada colibrí marcaba los pasos de una danza con su vuelo y trataba de meter su piquito en un envase. El señor Ernesto acercó a María Gabriela a donde estaba un colibrí y casi por instinto, aunque con un poquito de miedo, María Gabriela puso su dedo índice para que el colibrí se apoyara  en él y bebiera agua. Gustavo y otros niños y niñas del grupo de los pastores hicieron lo mismo. Los colibríes agradecidos les regalaron su vuelo y su canto, en medio de aquella gran fiesta de pajaritos. Y Gustavo se distanció un momento del grupo para escribir sus notas. Seguro que estaba describiendo lo que acababa de ver y vivir junto a los demás niños.

María Gabriela no se aguantó y no esperó a que llegara la noche para escribir:

”Hola Querido Diario, no me puedo aguantar para escribir lo que siento. Me hubiera gustado que mi mamá viviera esta experiencia conmigo. También me gustaría mucho que otros niños y niñas de mi país pudieran ver toda esta belleza. Todavía siento en mi dedo el temblor de las patitas del colibrí y el movimiento rapidito de sus alas, como si fueran mariposas pequeñitas revoloteando entre mis manos. Diario, te dejo ¡Qué bueno que puedo decirte a ti esto que siento tan bonito! Te quiero mucho”.

 

LA ESTACIÓN BIOLÓGICA DE RANCHO GRANDE; UNA INMENSA CAJA DE SORPRESAS

 

Nos contaron que…

Lo que conocemos hoy en día como la Estación Biológica Alberto Fernández Yépez fue, durante el siglo XIX, un lugar donde las personas que viajaban desde Maracay hasta Ocumare de la Costa, podían descansar en un rancho pequeño y poner a descansar sus mulas en un rancho grande. De aquí viene el nombre popular de Rancho Grande. Este lugar se ubica en la cumbre de la carretera que comunica la capital del Estado Aragua con el Municipio Ocumare de la Costa de Oro.

En los años treinta, el General Juan Vicente Gómez construyó un lujoso hotel en este espacio, diseñado por un arquitecto francés de apellido Pottel.

 

Parque Nacional

EL 13 de febrero de 1937 las montañas de Rancho Grande fueron declaradas Parque Nacional por el entonces presidente del país, general Eleazar López Contreras; y en 1992, la sede de la Estación Biológica y sede de investigaciones de la Facultad de Agronomía de la Universidad Central de Venezuela, fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación.

El científico venezolano Alberto Fernández Yépez, discípulo de Henry Pittier, fue el fundador de la Estación Biológica, ubicada en Rancho Grande. Este espacio ha servido de sede para investigaciones sobre la flora y la fauna y han participado científicos de diferentes lugares del mundo.

En este espacio ubicamos el Paso Portachuelo, considerado como la cumbre del Parque Henri Pittier, a 1128 metros de altitud, y digamos que es el camino o vía principal que recorren las aves migratorias que vienen de distintos lugares del planeta.

 

Historias y Leyendas

Las  características climáticas y biológicas de esta zona del Parque Henry Pittier, la espesa niebla que lo envuelve en muchos momentos, su flora y su fauna maravillosas, se prestan para crear un ambiente misterioso, de donde han surgido algunas historias y leyendas: El Hombre sin Cabeza camina desde El Limón hasta Rancho Grande.

La Leyenda del Lión nos cuenta sobre un león que persigue a las mujeres embarazadas. Y la leyenda del Duende de Rancho Grande se basa en una historia reciente sobre un botánico inglés, llamado Andrew Field Mathew, conocido como Andy, que en el año 1984 realizaba una investigación sobre un árbol gigante conocido como “El Niño”. Relatan los pobladores que cuando Andy se fue a despedir del árbol antes de partir para Londres, se rompió la cuerda que lo ataba y cayó muerto en la maleza. Se cuenta que su espíritu ronda los árboles de Rancho Grande y también cuentan que ayuda a los niños turistas que se han perdido en el parque.

Fuentes:

https://es.wikipedia.org/wiki/El_Lim%C3%B3n_(Venezuela)

https://es.wikipedia.org/wiki/Otilio_Gal%C3%ADndez

Gustavo Mirabal

 

 

 

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