MI SINAMAICA QUERIDA – GUSTAVO MIRABAL

 

Artículo # 61 de la serie:

Gustavo Mirabal en Venezuela

 

La vida es lo que hacemos de ella.

Los viajes son los viajeros.

Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos».

Fernando Pessoa.

Viajar, una de las experiencias más significativas

 

Hay una canción que  canta Ilan Chester que es muy bonita y comienza así: Es verdad/ los amores  que  se tienen en la vida/ nunca se olvidan/Son aromas que se quedan en el aire/y una estela de fragancias/ van dejando…

 

Es verdad, pero hay una experiencia muy singular  que marca  nuestra vida para siempre y ésta es la experiencia  de viajar. Nunca olvidaré mi viaje  a mi querida Sinamaica no tuve amores, ni siquiera sabía de su existencia, pero visitar este espacio fue como sellar en mi memoria y con tinta indeleble una experiencia que jamás olvidaré.

Ver la laguna y sus palafitos, era como escuchar  a mi padre contando sus historias y las aventuras  que  vivió con mi madre cuando estaban recién casados.

Y luego, el encuentro con su gente maravillosa, amable, alegre y generosa. Aunque parezca mentira, puedo decir que sí fue como un cuento de hadas, pero no en los países nórdicos, sino en el estado Zulia en Venezuela.

 

Gustavo y María Gabriela en Sinamaica

 

Nuestros incansables viajeros, Gustavo, María Gabriela y la abuela Isabel Teresa, visitan las lagunas del estado Zulia. Y fueron en primer lugar a mi querida Sinamaica.

 El paisaje de una postal

La mañana amanece muy linda, parece una postal. Al fondo un cielo mañanero con un sol que presagia el calor. Los árboles se contonean alegres con la poca brisa que llega a acariciarlos. Allí muy cerca la abuela, María Gabriela y Gustavo van en busca del guía.

-Abuela ¿Qué vamos a hacer hoy? –pregunta María Gabriela.

-Los voy a llevar a un sitio que les va encantar -dice el guía.

-¡Qué bueno! ¿Cómo se llama? -pregunta Gustavo.

-Sinamaica –responde el Guía-, es la capital del Municipio Páez. Algunos cronistas afirman que aquí vivía la comunidad indígena sinamaica.

Una hermosa laguna transparente

-¿Aquí en Puerto Mara podemos montarnos en la lancha y recorrer toda la laguna?-pregunta María Gabriela.

-Claro, responde el guía. Vamos enseguida para disfrutar más del viaje.

Una hermosa laguna transparente parece un espejo. A sus orillas los mangles forman pequeños caminos donde provoca quedarse a soñar. El silencio del paisaje deja en los viajeros una sensación de paz. Las mariposas azules o “morfo azul”, como las llaman, revolotean alrededor de la lancha y sus alas coloridas dejan destellos de luz en la laguna, que María Gabriela trata de agarrar con sus manos dentro del agua cálida.

La paz que producen sus aguas  tranquilas

 

-¡Qué tranquilidad se respira en este lugar! –comenta la abuela Isabel teresa, extasiada ante la naturaleza imponente cuyo paisaje difiere de los otros ya vistos.

-Sí, Sinamaica es muy tranquila, tal vez se deba a que este pueblo ha sabido convivir en armonía con la naturaleza durante mucho, mucho tiempo -dice el guía-.

El mangle, la enea y otras fibras vegetales están en la base tanto de sus casas como en una gran variedad de objetos de uso doméstico. Por cierto, muchos de los que la gente llama “artesanías”.

 

Como nació el pueblo de Sinamaica

-¿Cómo nació este pueblo? ¿Usted sabe señor? -pregunta María Gabriela, curiosa como siempre.

-Los viejos hablan de una leyenda Añú acerca del nacimiento del pueblo de Sinamaica sobre las aguas de la laguna. Si quieren se las cuento –dice el guía.

-¡Claro, somos todo oídos! –respondió Gustavo, siempre sonriente.

La leyenda del pueblo Añú

-“Cuentan los viejos que los Añú vivían en un apartado lugar, no había árboles y todo les hacía daño. No había sombra para el calor, ni cobijo para el soplo del norte, siempre soplando, como eterno. Vivían en tierra.

Un día, un joven, el mayor de su familia, es decir el primogénito, desesperado por el calor de los días y el frío de las noches, vio que allí no era posible vivir y que se iría de allí, porque el padre (Dios) se había olvidado de ellos.

 

El joven valiente  viajó durante mucho tiempo

Se atrevió a ir, solo por el mar, en busca de otro lugar, a uno donde fuera posible la vida. Viajó durante muchos soles con sus lunas, pero nada encontró. Sólo el agua salada del mar, y ese viento del norte, soplando, como eterno.

 

La decepción los invadió

Decepcionado y cansado, dio vuelta y venía de regreso y en la tristeza del regreso, vio de lejos, sobre las aguas a una extraña y delgada figura: era un tallo que recogió de las aguas.

Entonces llegó donde sus padres, todos fueron a recibirlo, vieron la derrota en su rostro y el tallo entre sus manos. Todos le dieron la espalda. “Nada conseguiste, has fracasado” –le dijeron.

Todos quedaron resignados a vivir allí, en ese lugar olvidado por el padre (Dios).

No todo estaba perdido…

Apañakai que así se llamaba el joven, lanzó el tallo, triste, muy triste, y el tallo se clavó en la tierra. Entonces, pasó un día y una noche, y el tallo creció y creció, formándose luego un hermoso y frondoso árbol, justo a la orilla de la playa.

Un árbol como la cumbre del cielo

Vinieron todos a ver el árbol, y notaron que el follaje era como la cumbre del cielo, como lo más alto y dejaba ver un gran espacio como el mundo en su interior.

Entonces entraron al árbol, y vieron cómo dentro del árbol había muchos animales, que se dejaban comer. Entonces con ellos se alimentaron. Esto cuentan los viejos…”

Encantados  con la leyenda

-¡Qué bonita leyenda! nos gustan mucho, porque así aprendemos más de nuestro país. Y a ti abuela ¿te gustan?

-Claro Gustavo, es parte de la historia de los pueblos.

-Entonces este es origen de los palafitos de Sinamaica, comento María Gabriela.

– Claro, esos son los tallos que  sostienen las casas y la gente pueden vivir  en ellas.

-Eso es así comento el guía y Gustavo asintió convencido de lo que estaban diciendo.

 

La lluvia los invitó a dormir en Sinamaica

No parecía  que iba  a llover, pero de pronto cayó un chaparrón y el guía y los habitantes consideraron prudente que se quedaran en Sinamaica y tuvieron la dicha de quedarse  en un palafito para completar la aventura de ese viaje.

En la noche se despejó el panorama y María Gabriela  y Gustavo se extasiaron en ver la noche estrellada y ver la luna reflejada en la laguna y sus aguas tranquilas. La abuela Isabel Teresa estaba fascinada. Ella disfruta mucho de la naturaleza.

 

María Gabriela escribe su diario en el palafito

 

Querido Diario, estoy tan feliz. Te estoy escribiendo desde un palafito en la laguna de Sinamaica, la verdad, nunca imaginé vivir una aventura  así. La abuela está más que fascinada. Imagínate, estoy viendo la luna  llena  reflejada en la laguna.

Esto me hace recordar  cuando estuvimos en Chuao, en la Casa del Alto, pero no veíamos una laguna como aquí, ni dormimos sobre sus aguas como lo haremos esta noche.

Hasta mañana Diario querido.

Nos contaron que…

Sinamaica durante el siglo XVIII fue un pequeño conglomerado de casas, en el camino real de los españoles que iban de Maracaibo a Riohacha. Fue capital del Territorio Federal Guajira desde 1864 hasta 1880. En 1896 se creó el Distrito Páez con los municipios Sinamaica, que era la capital, y Guajira. Se comunica con Maracaibo por una carretera de más de 60 kilómetros y está separada del Golfo de Venezuela por una franja de médanos.

Sinamaica es un pueblo palafítico. Está rodeado de cocos, manglares y eneas, y sus aguas se alimentan de los ríos Limón, Socuy y Guasare. Los descendientes de los añú o paraujanos viven sobre sus aguas.

Referencias Bibliográficas

https://gustavomirabalcastro.online/gustavo-mirabal/venezolano-gustavo/

https://gustavomirabalcastro.online/

https://gustavomirabalcastro.online/gustavo-mirabal/lo-que-esconde-gustavo-mirabal-castro-ii/

https://www.gustavomirabal.es/gustavo-mirabal/que-esconde-gustavo-mirabal-castro/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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