MI CABALLITO

Artículo #25 de la serie:
GUSTAVO MIRABAL EN VENEZUELA

LA HISTORIA DE UN NIÑO, CAMINO A LA ADOLESCENCIA

 

Preámbulo para hablar sencillamente

 

MI CABALLITO
Letra y Música: Simón Díaz

Mi caballito
se me fue mi caballito
por un olvido
no le puse la manea,
o mejor dicho,
que no fue por un olvido
es que me gusta
cuando corre y corcovea (bis)

Se desespera
la mañana aquí en mi pecho
porque yo tengo derecho
de saber dónde andará.

Y si es que lloro
no me da ninguna pena
que me mire mi morena
cómo no voy a llorar (bis)

A dónde fueron
esas patas relanchinas,
a dónde fueron
esas crines de candela,
hoy lo becerros
se quedaron en Garcita
y qué le digo al maestro
de mi escuela (bis)

Regresa pronto
caballito primoroso
taguapire milagroso
ayúdame a resolver
porque los hombres
no son hombres verdaderos
cuando pierden su sombrero
su caballo y su mujer (bis).

 

Al galope entre la niñez y la adolescencia

 

Mi Caballito y Niña

 

La  historia de la humanidad se escribe  en tiempos diferentes. La historia  de cada ser humano se escribe  especialmente  en estos tiempos  diferentes.

En estos momentos diferentes  de cada  ser humano, la infancia y la adolescencia marcan una pauta singular. Podríamos  decir que nos marcan con tinta indeleble.

Esto lo vemos  reflejado no sólo en la vida de cada una de las personas y en lo que  conocemos  en la cotidianidad. Todo esto se refleja en la relación  arte y vida, expresión estética y desarrollo personal.

Y vamos al galope  por el mundo transformándonos de niños y niñas en hombres y mujeres. Es decir vamos madurando de la niñez  a la adolescencia hasta llegare  a la madurez.

La infancia y la adolescencia están reflejadas en esta canción de “Mi caballito” de Simón Díaz.

El sentimiento de pérdida en Mi caballito

Como hemos dicho, se juntan en un mismo sentir de esta canción la infancia y la adolescencia.

Cada etapa de la vida, en cierta forma, significa la renuncia  a la etapa anterior y en ella se refleja de alguna manera, una especie de duelo del que no estamos conscientes  necesariamente.

En esta canción percibimos esta pérdida  desde los primeros  versos. Al final de cuentas es un niño que se acerca  a la adolescencia. Es un niño que cierra un proceso en su vida y se acerca a la vida  adulta entrando a la adolescencia. Y queramos o no, esto representa un duelo.

El caballito representa la infancia y la adolescencia

El caballito representa la infancia en la que  se juega y se galopa libremente; pero también representa el inicio de la adolescencia.

Muerte y despedida; bienvenida  a nuevas experiencias en un juego de palabras en el que nos podemos concentrar y donde además, la experiencia lúdica es importante en sí misma:

…o mejor dicho,
que no fue por un olvido
es que me gusta
cuando corre y corcovea

Sería redundante  comentar lo que es obvio, pero no queremos dejar de resaltar que  al lado de la tristeza, está presente el espíritu de la libertad. Ello está reflejado en esa  afirmación de que no fue por un olvido, sino por el gusto de ver al caballo en libertad, y el corcoveo representa el juego, el placer del disfrute  de esa libertad.

Es un querer y un no querer  al mismo tiempo. Es el niño que  no abandona el juego, pero que  se acerca  a la pubertad.

 

Entre la tristeza y el despertar  al amor.

No le importa  a este niño adolescente, que lo vean llorar, si al final de todo, tiene sentimientos. No le importa  llorar porque  “su morena” se le acercará.

Insiste  el cantautor Simón Díaz  en que “él tiene derecho a saber donde andará su caballito”

Si tuviésemos tiempo de realizar un análisis más profundo, podríamos  desglosar  verso por verso y detenernos en el significado de cada estrofa. Por  respeto a nuestros lectores, sencillamente esbozamos  lo que observamos básicamente  en esta letra sencilla de suma profundidad.

Obviamente, hay un sentimiento de pérdida que se contrata con el despertar  de un joven a otros sentimientos.

 

La poesía presente en Mi Caballito

Es inevitable  detenerse  en la belleza del lenguaje de esta letra que es un canto de amor a la naturaleza, a los caballos, pero especialmente, es un canto a la vida en su más fina esencia.

Cuando Simón cantaba  esta canción y cuando tuvimos la oportunidad  de escucharlo y verlo personalmente, observamos  cómo se transformaba y podríamos decir con certeza, que realmente “era un poema”.

Era un poema el cantautor. Era un poema la canción y era un poema el público que él conquistaba con sus versos.

 

Inevitable recordar de nuevo los versos que evocan la nostalgia

“A dónde fueron/esas patas relanchinas, /a dónde fueron/ esas crines de candela, /hoy lo becerros/ se quedaron en Garcita/ y qué le digo al maestro/ de mi escuela”

Estos versos nos centran en la nostalgia, en el recuerdo de la alegría y del colorido de la belleza del paisaje del llano.

Es la presencia  del niño de la escuela  que se pregunta  sí mismo y se enfrentará  con la pregunta inquisidora  del maestro.

Esto nos da otros elementos para el análisis que podríamos compartir en futuras  entregas.

 

La sensibilidad  a flor de piel

Escuchar esta canción y ver los videos que sobre ella se han realizado, nos sensibilizan mucho sobre la relación que puede establecer un niño con su pequeño potro, pero también nos acercan a la belleza del paisaje del llano venezolano.

Nos acerca también a pensar en ese niño que se va convirtiendo en un hombre. No pone en contacto con ese joven que se acerca  a la madurez.

 

Mi caballito es un adolescente rebelde.

“Regresa pronto/caballito primoroso/taguapire milagroso/ayúdame a resolver/
porque los hombres/ no son hombres verdaderos/cuando pierden su sombrero/ su caballo y su mujer”

Estos últimos versos nos dan indicios  de otros aspectos característicos de la cultura latinoamericana y de la cultura venezolana.

Éste es el rasgo distintivo de lo que se considera el caballero vernáculo que  tiene el poder y el dominio y que de alguna forma se ha entendido como el patriarcado presente  en la cultura.

Todo esto representado en los últimos  versos que definen al hombre verdadero. Por ello hablamos del paso de la infancia  a la adolescencia.

Primero tenemos al niño de la escuela, pero finalmente tenemos al adolescente que siente la nostalgia  de lo perdido, pero que ya tiene en su haber vivencial el poderío de los valores del adolescente que empieza definirse como un hombre bajo la influencia del cultura androcéntrica.

Y en este sentido tenemos  a un personaje rebelde que ya ha dejado de ser un niño.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

https://www.gustavomirabal.es/gustavo-mirabal/el-verdadero-gustavo-mirabal-castro/

https://www.gustavomirabal.es/uncategorized/gustavo-mirabal-en-el-mundo-ecuestre/

https://www.gustavomirabal.es/equitacion/el-hipismo-en-venezuela-tiene-nombres/ 

http://gustavomirabalcastro.online/gustavo-mirabal/venezolano-gustavo/

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