SAN LÁZARO DEL ESTADO TRUJILLO EN VENEZUELA ENTRE CABALLOS Y UN MUSEO MISTERIOSO

   Artículo #5 de la serie:

GUSTAVO MIRABAL EN VENEZUELA

El pueblecito blanco que tiene caballos amigables

 

 

Después de transitar una bonita carretera,  llegamos a San Lázaro, un hermoso pueblo del estado Trujillo.

Es un pueblo pintado por las manos de la naturaleza en diferentes tonalidades de verdes y  de ocres arenosos.

Está ubicado en medio de mesetas y árboles variados y con sus casas pintadas de color blanco, lo que le da una luminosidad muy especial al pueblo, a la gente y al paisaje de este lugar.

Nos llamó la atención que en este pueblo encontramos muchos caballos por todo el pueblo. Vimos caballos y ruecas  de mulas de carga, con los que se apoyan los trabajadores  del campo y también se trasladan diferentes personas  en el pueblo.

 
Nos Contaron que aquí nacieron los Enanos y la muñeca de La Calenda

 

 

Fue aquí en San Lázaro donde tuvo origen la Danza de Los Enanos y la Muñeca de La Calenda.
Cuentan que en esta danza, los enanos que se pintan en el abdomen de los danzarines, se mueven alrededor de la muñeca de la Calenda, una figura que aleja los malos espíritus.
En la música que los acompaña se pueden apreciar violines, mandolinas, maracas, entre otros instrumentos.

Era como si los caballos nos dieran la bienvenida

 

Al llegar allí nos encontramos con la señora Auxiliadora de Briceño, bibliotecaria del Ateneo, una mujer muy amable y conocedora de muchos personajes de la población de San Lázaro, quien nos habló sobre el trabajo que desarrollan en esta institución y sobre la participación de niños y niñas y de la comunidad en general en la realización de las actividades.

El cronista pasea a caballo por el pueblo

 

Estando reunidos en la biblioteca, apareció, tal cual, como un duende escapado de un cuento de hadas, el señor Antonio Aguilar, el cronista de San Lázaro, quien además de contarnos algunos aspectos de la historia, nos habló de su preocupación por los problemas de la población de San Lázaro.

Al final nos recitó un poema y compartimos todos un delicioso café, aromatizado con canela y finalmente nos despedimos del cronista para continuar el recorrido.

Cuando caminábamos por una de las calles del pueblo, nos sorprendió encontrarnos nuevamente con el señor Aguilar. Esta vez a caballo, parsimoniosamente por todo el pueblo.

Se veía plácido y relajado como si el paseo formara parte de una rutina agradable y entonces cuando nos vio, se detuvo y nos dijo: “sin un paseo a caballo, no se concluye el día compañeros”

Un caballo misterioso en el museo de arte popular

 

Conocimos a la profesora Mercedes de la Universidad  de Los  Andes del Núcleo Trujillo,  quien nos invitó a un lugar muy especial, la casa del señor Rafael Montilla, identificada en su entrada como “Mini Museo de Arte Popular”.

Los niños no se separaban de la profesora Mercedes, pues esa casa les producía un poquito de miedo. Ya estaba anocheciendo y la casa estaba casi en penumbras, sólo estaba alumbrada con unas luces diminutas de colores. Y con la tenue iluminación se podían ver algunas piezas artísticas.

En la entrada había un caballo que parecía seguirnos con su mirada a todos los rincones de la casa.

Nosotros, a todas éstas, nunca supimos si era una escultura o si era un caballo de verdad, como todo estaba tan oscuro y las pequeñas luces iluminaban sólo algunos objetos, los otros se distinguían en medio de la casi penumbra del lugar.

San Benito montaba a caballo y era parrandero

 

Los muchachos suelen ser muy curiosos y no se detienen en detalles a la hora de hacer preguntas. La fuerza de la juventud y de la espontaneidad los arropa y los impulsa a satisfacer su curiosidad y no se detienen en delicadezas.
Les llamó la atención un personaje en uno de los salones donde podía verse mejor y además también les generó inquietud que no fuera montado a caballo. Como los caballos habían estado tan presentes en todo lo que habíamos visto hasta el momento. Entonces preguntaron:

– Señor Rafael ¿Quién ese señor negrito, con sombrero y con ese traje tan bonito qué es como de mi tamaño? Preguntó una de las niñas con mucha curiosidad.
– Mija ese es San Benito; un santo que celebramos mucho por aquí, a quién le pedimos favores y le hacemos promesas.

– Le pedimos que nos cuide la cosecha y que nos de salud.
– Y… ¿por qué no va montado a caballo? Como a todo el mundo por aquí le gusta montar a caballo…
– Bueno mija, no te creas, San Benito también era viajero y también le gustaba ir a caballo por los campos, por los potreros. Además él era un santo medio parrandero y seguro que también acompañó a los paisanos a las fiestas y seguro que galopó muchas tierras por estos campos de los andes venezolanos.
– Seguro, señor.  No me extrañaría para nada… Seguro que fue parrandero como San Juan que le gustaban los golpes de tambor.

San Benito, una figura creada de forma colectiva

 

Seguimos preguntando porque queríamos saber cómo se habían hecho las figuras, cómo había sido el proceso de elaboración de la figura de San Benito.
– Es una pieza muy linda. ¿Quién la hizo? preguntó la profesora Mercedes
– Bueno… la hicimos entre varios… Gilberto Sánchez hizo la cabeza, el cuerpo se lo hice yo; el traje y el sombrero los hizo Pedro Montes. Todos somos de este pueblo, de San Lázaro.
– ¡Qué maravilloso! Fíjense lo interesante y lo bonita que puede resultar la creación y la participación colectiva.

Esto que estamos viendo es producto del aporte de varias personas de una misma comunidad que unen su creatividad para producir arte popular.

Un nacimiento gigante
Pero la curiosidad es infinita. Claro, ante tanto misterio, con esa casa casi en penumbras y con la mirada de un caballo que nos seguía a todas partes, los muchachos no se cansaban de preguntar y de comentar:

– Abuelo mira ese niño Jesús, tan grande y tan bonito y esas otras figuras y esos muñecos grandes con caras de viejos y esos cuadros y esas botellitas…. ¡Uf!. Cuántas cosas!… comentaban los niños llenos de admiración.
Pero nuestro asombro no terminó aquí. El señor Rafael nos invitó a que pasáramos a otros lugares de la casa y nos mostró un espacio que tenía reservado, tapado con una puerta de zinc donde tenía un nacimiento “gigante”. Lo va elaborando durante todo el año, con unas figuras que son como unas marionetas y un Niño Jesús al que le incorpora un mecanismo para acercarlo a los visitantes, con el fin de pedirle colaboración para el pesebre…

Y el Niño Jesús, ¿también podría montar a caballo?

 

Cuando los muchachos vieron esto y recordando que San Benito también podía ir montado a caballo, a una de las niñas se le ocurrió preguntar:
– Bueno señor Rafael y como tiene todas esas marionetas, ¿será que el niño Jesús también puede ir montado a caballo?, Preguntó Carolina, una de las niñas más inquietas.
– Bueno mi niña. En lo que representamos aquí, el niño Jesús todavía es muy pequeñito, pero seguro que cuando esté más grande podrá montar caballo como otros niños. Entonces nos tocará hacer otras marionetas para otra representación, pero seguro que sí, que el Niño Jesús podrá ir montado a caballo.

Referencias Bibliográficas:

https://www.gustavomirabal.es/gustavo-mirabal/el-verdadero-gustavo-mirabal-castro/

https://www.gustavomirabal.es/uncategorized/gustavo-mirabal-en-el-mundo-ecuestre/

https://www.gustavomirabal.es/equitacion/el-hipismo-en-venezuela-tiene-nombres/ 

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