GUADALUPE GALOPA POR LOS CIELOS DE MÉXICO

Guadalupe se quedó dormida soñando con el cielo mexicano

 

 

Guadalupe se quedó dormida. Estaba muy cansada  de tanto trajinar en la vida,  ya eran noventa y tres años lúcidos, con un entusiasmo vital y una sonrisa imborrable que la acompañaba donde quiera  que iba. Ya necesitaba descansar y se quedó dormida para siempre con esa sonrisa de abuela dulce y feliz soñando con su cielo mexicano.

 

¡Qué algarabía  la que se formó en el cielo!

En las puertas del cielo se ha formado una algarabía. Ha llegado Guadalupe con toda su cohorte, cual Santa Claus con su trineo y sus renos, llegó Guadalupe  con su carreta y sus caballos, con todos  sus animales y no podían faltar  todos los pollitos de su granja.

 

Entre tanto caballo corcoveando y galopando, tanto cacareo y tanto pío pío, por el cielo, San Pedro se ha vuelto un ocho sólo con escuchar tanto alboroto, y no sabe si dejarlos entrar.

Al fin, abre las puertas y se da cuenta que en la entrada del cielo está Guadalupe con toda su familia de animales. Todo es un reguero de plumas; hay plumas por todos lados. Guadalupe estaba en su carreta, con sus cuatro potros, que relinchaban en la entrada, pero a San Pedro le parecían una manada de caballos y no sabía qué hacer.

 

Guadalupe sube al cielo soñando con su México querido

 

Podía vislumbrar el inmenso espacio azul; podía ver los confines del cielo con sus santos personajes. Pero también recordaba el patio de su casa aquí en la  tierra, en su terruño mexicano.

Soñaba y recordaba la Sierra de Las cruces en Toluca, con su cielo amplio y abierto, donde podía trabajar y disfrutar todos los días de su vida aquí en la tierra. Recordaba  cuando era joven y salía  a pasear  a caballo, acompañada por  sus padres  y sus hermanos.

Soñaba mientras San Pedro pensaba si la dejaba  entrar  al cielo

Entonces, mientras esperaba, tuvo un sueño cortico donde San Pedro la dejaba entrar al cielo con todos sus animalitos: con sus caballos, con sus gallinas y sus pollos y… ¿por qué no?, en el cielo también cabían su perro, sus gatos y sus chivos, su gallo pataruco y su Pollito Pintón.

 

Guadalupe sigue soñando en el cielo como aquí en la tierra. No concebía la vida en el más allá de las nubes, sin galopar  con sus caballos, sin darle el maíz a sus gallinitas, sin continuar dándole cariño y protección a todos sus animalitos. Y por eso se los llevó para el cielo.

 

Guadalupe amenaza con recorrer galopando los cielos de México para dar a conocer tal injusticia

Sus potros pequeños relinchan y gritan y saltan queriendo entrar al cielo. Guadalupe suplica  a San Pedro que la deje entrar con todos  sus acompañantes y amenaza con hacer una manifestación con sus caballos y todos los otros animales. Amenaza  con galopar por todo el cielo y mandar mensajes a la tierra para denunciar  esta injusticia con una anciana de noventa y tres años.

No es posible que  no la dejen entrar al cielo inmediatamente, después  de tanto luchar en la vida. No es posible que para entrar al cielo, también tenga  que hacer una larga cola.

 

Pero salió de su letargo y siguió insistiendo…

 

En medio de tantas animales, Guadalupe esta dulce viejecita desesperada por entrar  al cielo, con su corte de caballos, sus pollos y otros animales allegados despertó de su letargo:

 

Guadalupe soñó; pero se despertó y se cansó de esperar.

– ¡Pero bueno mi cuate… ¡San Pedro!, ¿me vas a tener aquí toda la vida?

– ¡Es que no piensas dejarnos entrar?

–  No Guadalupe, lo que pasa es que yo te esperaba a ti solita. No sabía que venías con tus animales.

– Pero San Pedro estos animalitos son mi familia y mi compañía. ¡Anda cuate! Déjanos entrar, que me muero por entrar al cielo, con mis animalitos.

 

Trata de persuadir a San Pedro con sus suculentos platos.

 

Además, quiero ver dónde hay un fogón para hacer mis tortillas de maíz. San Pedro ¿Tú no tienes hambre?; yo sí me muero de hambre y mis animalitos necesitan agua y comida, después de ese viaje tan laaaaaaaaargo…

–  Es que… Guadalupe.. Yo no sé… La comida… ¿Aquí?… ¿en el cielo?…

–  ¡Ahh cuate!… No vengas con la historia de que tú no comes!  ¿Es que los santos no comen? Bueno, yo no estoy segura de si comen o no comen; lo que sí sé es que no han probado mis totillas de maíz, con guacamole y frijoles  y quesito blanco rallado.

Guadalupe, con sus manos de mujer trabajadora, moldeaba en el aire, sus tortillas de maíz y a San Pedro, sólo de imaginárselas, se le hacía agua la boca y lo tentaba mucho la idea de comerse esas ricas tortillas de maíz.

 

Por fin  San Pedro la dejó entrar

 

– Está bien Guadalupe, pasa con todos tus animales. Entra… ¡Y a ver, si consigues tu bendito fogón!…

No había terminado de hablar San Pedro. Todavía no había guardado el manojo de llaves de las puertas del cielo, cuando ya Guadalupe estaba correteando por cielo con todos sus animalitos y gritaba: No es un sueño es verdad. ¡Es verdad!…

Todos los santos y los ángeles se percataron de la algarabía. Por todos los confines del cielo se escuchaba el relinchar  de los caballos,  los cacareos y los píos píos, los kikirikí, los ladridos y los maullidos y hasta los quejidos de un chivito. Toda la familia celestial estaba sorprendida con este acontecimiento.

 

Alarma por la pérdida del pollito Pintón

 

Por si esto fuera poco, uno de los pollitos preferidos de Guadalupe, el Pollito Pintón se había extraviado. El Pollito Pintón es gordo y amarillo como la mayoría los pollos, pero con unas manchas marroncitas, por eso lo llaman así “el Pollito Pintón”. Además, es muy curioso y juguetón y cuando se vio en semejante espacio azul, comenzó a correr y se alejó del grupo…

 

Guadalupe, la corte celestial y los caballos a la búsqueda  del Pollito Pintón

Luego, cundió la alarma entre los santos y los recién llegados. Guadalupe, Mamá Gallina, los caballos y el resto de los animales, San Pedro y unos cuantos santos más, comenzaron una peregrinación por todo el cielo para buscar al Pollito Pintón. Se oía un eco de voces que gritaba:

–  ¡Pollito Pintón!

–  ¡Pollito Pintón. Dónde estás!

–  ¡Dónde estás Pollito Pintón!

–  ¡Pollito Pintón! Pintón Pintón Pintón!

 

Recorrieron algunos caminos, hasta que Guadalupe, Mamá Gallina, los caballos y el resto de los animales, descubrieron las huellas de Pollito Pintón. Se miraron en silencio y no le dijeron nada a los santos.

 

Los caballos  al galope, ayudaron a disimular el desastre

–  ¡Mamá Gallina por aquí debe estar Pollito Pintón porque se hizo p…!

–  ¡Sssschito! Cállate chivito que los santos y los ángeles no se han dado cuenta todavía.

Entonces los caballos, empezaron a galopar despacito sobre las manchas  que iba dejando el pollito pintón y el desastre era peor todavía ¡Qué horror!

Los santos solo veían unos puntos oscuros en las nubes y en el espacio  celestial, que por cierto, en estos momentos, ya no era tan celestial…

 

Los santos  muy atentos…

La peregrinación de tanta gente, llamó la atención de otros santos, quienes se unieron al grupo. Entre ellos estaba don San Juan con toda su majestad, quien al percibir las huellas de Pollito Pintón y un aroma que no le resultaba agradable, agachó el dedo y se tapó la nariz y los demás santos tampoco entendían nada, pero también se taparon la nariz. Entonces el eco de voces llamando al Pollito Pintón se oía diferente:

–  ¡Ollito Intón Intón Intón!…

–   ¿onde stá?

–  ¡Ollito Intón ¿onde e’etiste?

–   Intón Intón Intón!

 

De pronto, un encuentro inesperado con Francisco de Asís

 

De pronto Guadalupe, los caballos y Mamá Gallina se emocionaron al ver al Pollito Pintón, picoteando y picoteando en un espacio del cielo que era muy diferente a todo el espacio que habían recorrido.

Era la casa de San Francisco de Asís, una humilde gruta, donde San Francisco, el santo que adoraba al sol y a la luna y a sus hermanos, los animales del bosque y las flores del campo…

Este santo, lleno de ternura, arrojaba trigo, maíz, alpiste y otros granos en el suelo, para que las aves que pasaran por allí, pudieran regocijarse.

 

 

A galopar por el cielo, viendo México desde las alturas

 

Francisco tenía en su gruta varios caballos, una mula y un buey, lo que alegró mucho nos sólo a Guadalupe, sino especialmente a los caballos, quienes se unieron en manada para a galopar por el cielo y ver desde allá arriba el cielo de México.

 

 

 

La alegría desbordante y al galope

En la pequeña gruta, había también, un fogón y un pilón y hasta los santos se sorprendieron al ver a San Francisco sentado en la entrada de la gruta, reuniendo unas mazorcas de maíz…tal como si esperara a alguien…

Guadalupe al ver todo aquello, sintió que su corazón saltaba de alegría y se decía para sus adentros que la realidad era más bonita que su propio sueño.

Ahora la algarabía de los animales era mayor, pues además de la emoción de haber encontrado a su hermano, el Pollito Pintón, habían encontrado un espacio para vivir felices y cómodos y unos nuevos amigos, los animales que correteaban en la gruta de San Francisco.

Los caballos iban a l trote, emocionado, muy contentos. Se sintieron eufóricos y en libertad, protegidos y amados  por San Francisco y sus hermanos.

 

Guadalupe ¡A cocinar en el cielo,  se ha dicho!

 

Guadalupe comprendió que San Francisco la estaba esperando y que quería probar sus ricas tortillas de maíz. ¿Quién dijo que los santos no comían? Eso era antes de que Guadalupe subiera al cielo.

Pero ahora más bien, se pelean por probar sus ricas tortillas de maíz  con jalapeños  mexicanos, sus deliciosos dulces de leche de cabra y sus conservas dulces de frutas.

 

Guadalupe

 

Desde ese día, todos los cuates  galopan en el cielo

Y también desde ese día, todos los cuates  que van al cielo, pueden galopar en los caballos de Guadalupe por distintos lugares del inmenso espacio azul . Pueden perseguir a las gallinas y jugar con los pollitos por los confines del inmenso espacio azul.

 

Y así, al galope y con ternura  termina esta historia

Finalmente les digo algo: Si alguna vez, miran al cielo y ven a una dulce viejecita montada  a caballo, galopando entre las nubes y ven  caer una lluvia de granitos de maíz desde las alturas, no se asusten; porque es Guadalupe,  quien siempre estará correteando por el cielo o galopando en su caballo, dándole de comer a sus gallinas y a sus pollitos, mucho más allá de las nubes del cielo mexicano.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRPÁFICAS

https://www.gustavomirabal.es/gustavo-mirabal/el-verdadero-gustavo-mirabal-castro/

https://www.gustavomirabal.es/uncategorized/gustavo-mirabal-en-el-mundo-ecuestre/

https://www.gustavomirabal.es/equitacion/el-hipismo-en-venezuela-tiene-nombres/ 

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